NANI F. CORES

  • La artista gallega Nuria Díaz ilustra este libro que rinde homenaje al universo creativo del cineasta.
  • Repasa la vida y la obra del autor de 'Los Tenenbaums', 'Moonrise Kindom' y la más reciente 'Isla de Perros'.

Wes Anderson escribiendo uno de sus maravillosos guiones

"La primera película de Wes Anderson que vi fue Life Aquatic, pero no me enganchó: quizás no era el momento. Años más tarde vi Los Tenenbaums y entonces sí que surgió la chispa. Aunque todavía ignoraba quién era el director tejano, me gustó esa manera de componer unos planos que parecían fotografías". Así recuerda la ilustradora gallega Nuria Díaz (Vilagarcía de Arousa, 1982) su primer encuentro con el peculiar universo andersoniano.

El flechazo no tardaría en surgir: "Con Moonrise Kingdom me quedé prendada de sus imágenes y de sus personajes. Quería dibujarlo todo. Desde entonces sí que se puede decir que soy fan: soy andersoniana". Ha sido, por tanto, un paso lógico en su carrera el que le ha llevado a dar forma a un libro: El Gran Hotel de Wes Anderson (Lunwerg Editores) en el que rinde homenaje de la manera más creativa posible a uno de los cineastas más originales de las últimas décadas.

Más que un libro, El Gran Hotel de Wes Anderson, es un regalo para todos los que amen el particular universo cinematográfico de este realizador norteamericano. Díaz, que comparte con el director su predilección por los pequeños detalles y por la delicadeza en las composiciones visuales, nos ofrece a través de sus 200 páginas ilustradas un exhaustivo recorrido por la vida y obra de este creador de quien hasta el mismísimo Martin Scorsese se ha declarado fan fatal. El realizador de Taxi Driver llegó a definirle como "el próximo Scorsese", eligió su debut Bottle Rocket como una de sus cintas favoritas de los años noventa y destacó la habilidad de Anderson de "expresar la simple interacción entre personajes con tanta viveza".

Divido en una recepción, seis habitaciones, una suite y área de descanso, este particular hotel ilustrado nos descubre algunos de los detalles más relevantes y/o desconocidos de la biografía de Anderson: la traumática separación de sus padres (un hecho que le marcó de por vida), su refugio en la lectura y la escritura, sus primeras películas en Super-8 o sus estudios de Filosofía en la universidad de Austin, donde conocería su inseparable Owen Wilson.

Nuria Díaz también hace un repaso por aquellos autores que han marcado de forma más palpable su filmografía -Welles, Truffaut, Hitchcock, Polanski (Anderson escogió La semilla del diablo como su película favorita de todos los tiempos)- así como las características esenciales de su cine - de quien el crítico Matt Zoller dijo "todas sus películas son comedias... y ninguna lo es"- y de sus casi siempre melancólicos y existenciales personajes.

Los capítulos más extensos están dedicados a rememorar cada uno de sus largometrajes -desde Bottle Rocket realizado en 1996 a Isla de Perros estrenado el pasado año- así como aquellos detalles que han hecho de su cine un género en sí mismo. "Quiero tratar de no repetirme, pero lo hago continuamente en mis películas", dice Anderson, y en cierto modo su perfeccionismo a la hora de trabajar y el mimo que pone en el diseño de producción lo corroboran: su obsesión por los colores (en cada una de sus películas predomina una paleta), por las simetrías, por los travelins, la cámara lenta o los planos subjetivos, el particular cuidado detalles como el vestuario, los objetos personales o los libros que leen sus personajes, sin olvidarse, por supuesto, de las bandas sonoras y las canciones de artistas como François Hardy, Nico,The Kings o Bowie que pululan a sus anchas en los trabajos de este melómano confeso.

Más información sobre la autora y otros trabajos en nuriadiaz.es

Wes Anderson: un genio reciente del cine

Este año cumplirá los 50. Vino al mundo en Houston, estado de Texas. Se confiesa melómano, vegetariano y odia los aviones. A los ocho años sus padres se separan, un hecho que marcará profundamente su vida y, posteriormente, su cine. En todas sus películas, de una u otra forma, se habla de familias disfuncionales: tormentosas relaciones entre padres e hijos, divorcios... A la misma edad empieza a rodar sus primeras películas mudas con una cámara de Super-8 de su padre, para las que reclutaba a sus hermanos y vecinos como protagonistas. A los doce realizó una presentación con diapositivas para convencer a sus progenitores de que debía irse a París a estudiar.

Nunca estudió cine, sino filosofía. Es autodidacta y deudor de directores como François Truffaut, Orson Welles, Alfred Hitchcock y Kubrick. Con este último comparte su obsesión por las simetrías, una de las características fundamentales de su cine (ver vídeo). Además, es un apasionado de la cámara lenta, los ritmos pausados, suele utilizar una paleta de colores concreta para cada una de sus películas, ama los personajes extravagantes e incomprendidos y el cine hecho de forma artesana. En la universidad conoció a uno de sus grandes amigos, el actor Owen Wilson, con el que realizó su primer cortometraje: Bottle Rocket (no se han separado desde entonces). Hasta la fecha ha dirigido nueve largometrajes, entre ellos, clásicos del cine reciente como Los Tenenbaums o Moonrise Kingdom. Aún no tiene un Oscar en su poder pero sí el Globo de Oro a la Mejor Película de Comedia y el BAFTA al Mejor Guión por El Gran Hotel Budapest.

Tres joyas de la filmografía andersoniana

Los Tenembauns. Una familia de genios (2001)
Una de las odas por excelencia a las familias disfuncionales. Aunque Anderson ya había logrado cierto renombre con su anterior película, Academia Rushmore, este tercer largometraje lo catapultó a la fama. Se estrenó en el Festival de Nueva York y su disparatado, surrealista e ingenioso guión, escrito a cuatro manos junto a Owen Wilson, les reportó sendas nominaciones a los Oscar y los BAFTA. Gene Hackman, por su parte, se hizo con el Globo de Oro por su interpretación del patriarca Royal Tenembaun. La cinta muestra ya todas las señas de identidad del cine de Anderson: las simetrías visuales, un especial mimo por el diseño de producción y la música y una historia a medio camino entre el drama y la comedia.

Moonrise Kingdom (2012)
Con toda probabilidad una de las películas más conocidas de Anderson. Fue la primera en la que no aparece su gran amigo Owen Wilson y la sexta colaboración con uno de sus actores fetiches: Bill Murray. Abrió por todo lo alto el Festival de Cannes de 2012 pero a pesar de ello solo se estrenó en cuatro salas en Estados Unidos (a pesar de todo fue un éxito de recaudación: 68 millones de dólares frente a los 16 de presupuesto). Anderson declaró que la cinta es un homenaje a los amores de juventud y a la memoria para la que se inspiró en tres películas de los setenta: La piel dura de Truffaut, Melody de Alan Parker y Black Jack de Ken Loach.

Isla de Perros (2018)
La segunda incursión de Anderson en el cine de animación -el debut fue Fantástico Sr. Fox (2009) - le hizo merecedor de un Oso de Plata al Mejor Director en la última edición del Festival de Berlín y dos nominaciones en los recientes Globos de Oro. Realizada con la laboriosa técnica de stop motion, necesitó de más de mil muñecos manipulados por 27 animadores y diez asistentes. Está ambientada en Japón en un futuro distópico y reflexiona sobre la relación entre seres humanos y perros, la lealtad y la comunicación que va más allá de las palabras. La cinta, que contó con las voces de estrellas como Bryan Cranston, Greta Gerwig, Bill Murray, Edward Norton y Scarlet Johansson y banda sonora del oscarizado Alexander Desplant, es además un homenaje al cine de su admirado Akira Kurosawa.

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