NANI F. CORES

  • Dos obras del maestro italiano dialogan con la colección de la condesa doña Regla Manjón.
  • Se podrán ver hasta el 22 de septiembre en el Palacio de Lebrija de Sevilla.

Rubens. Deyanira tentada por la Furia, 1638

Maestro del Barroco, genio de los pinceles, apasionado de la cultura de la Antigüedad, también de la pintura renacentista de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel y Tiziano, pintor de la corte, rey de la exuberancia, el color y la sensualidad, Peter Paul Rubens (o Pedro Pablo, en español) sigue siendo uno de los intocables de la historia del arte.

Nacido en Westfalia, Alemania, pasó largas temporadas en Italia y mantuvo también una idílica relación con nuestro país, donde recaló en 1603 en misión diplomática y entabló amistad con otro grande del Barroco, Diego de Velázquez.

Cuatro siglos después, su talento retorna a nuestro país, en forma de exposición para mostrar dos obras maestras de su invención: Hércules en el jardín de las Hespérides y Deyanira tentada por la Furia, que se exponen en el Palacio de Lebrija de Sevilla hasta el 22 de septiembre.

La muestra, a su vez, propone un diálogo entre estas dos obras de gran tamaño, que proceden de los Museos Reales de Turín-Galería Sabauda, y los mosaicos y esculturas de la colección de este palacio.

Desconocido para muchos, este maravilloso edificio sevillano del siglo XVI con más de 2.500 metros cuadrados esconde una curiosa historia detrás. En él se exponen los objetos adquiridos durante años y años por la condesa Doña Regla Manjón, que además de ilustre dama y apasionada de la arqueología fue la primera mujer académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla y académica de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.

De esta manera, una extraordinaria colección de mosaicos romanos pavimentan prácticamente todo el suelo de la primera planta y se completan con ánforas, columnas, esculturas, bustos y representaciones mitológicas y pinturas de otros genios como Van Dyck, Bruegel el Viejo, Joaquín Sorolla o la Escuela de Murillo.

En este escenario, recalan temporalmente las pinturas de Rubens para adentrar a los espectadores en dos episodios fundamentales de la historia de Hércules. En la primera tela (de 2,46x1,68 metros), Hércules en el jardín de las Hespérides, el héroe aparece en el momento en que después de haber matado a la serpiente guardiana Ladón, coge del árbol las manzanas de oro que se custodian en el jardín.

El cuadro se ha relacionado con el principal mosaico del palacio, en el que están representadas las aventuras amorosas de Zeus, padre de Hércules. "¿Quién mejor que Rubens, definido por Eugène Delacroix como "el Homero de la pintura", para establecer un hilo conductor con los prestigiosos hallazgos arqueológicos, ricos en referencias mitológicas", dice la comisaría Cristina Carrillo de Albornoz.

Por su parte, la segunda obra, Deyanira tentada por la Furia, muestra a la mujer de Hércules (cuyas facciones recuerdan, a su vez, a la segunda esposa de Rubens, Hélène Fourment), atenta a las palabras de la Furia, diosa de la venganza, que le ofrece una túnica. Deyanira acabará regalándose este túnica a Hércules provocándole una muerte atroz y poco después su propio suicidio. Este cuadro dialoga con el Busto juvenil de Afrodita y una escultura de mármol en la que Minerva aparece con la cabeza cubierta con un yelmo.

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