PILAR SANZ

  • Sin llegar a impresionar, el repertorio de la banda de los 80 volvió a sonar en directo con las voces de la escena independiente actual.
  • Antes, Nacho Vegas firmó el concierto más comprometido de esta edición de Sonorama Ribera.
  • Crónica del viernes: Un festival para Love of Lesbian.

Nacho Cano

Vivir el Sonorama Ribera implica dejarse llevar en peregrinación de la plaza del Trigo a la del Rollo y la Sal y vuelta a empezar. Este sábado, en la penúltima jornada del festival para quienes lo disfruten de principio a fin, las calles estaban radiantes y abarrotadas, como si de unos Sanfermines burgaleses se tratara.

Hubo tres hits que destacar en este peculiar mañaneo del sábado: el “maravilloso” (en palabras de los pocos privilegiados que lograron entrar) recital de Joan as Police Woman en la Iglesia de Santa María; el concierto sorpresa de Viva Suecia en la plaza del Trigo (que muchos habían adivinado, extrañados por la ausencia de la banda en el cartel, pues están haciendo casi todos los festivales de este verano); y las actuaciones en el Escenario Heineken de la plaza de la Sal.

Allí se pudo ver el viernes a mujeres poderosas como las de Agoraphobia y la cantante de AA Mama; el sábado, a Flanagan, Margaux o Funicular; y, en la mañana de domingo como aperitivo de la despedida, a Alexanderplatz o Ruth Baker Band. Un escaparate de nuevos talentos que encaja a la perfección con el espíritu de descubrimiento y lanzadera de un festival como Sonorama Ribera.

Contra la censura

Tras la comunión del público el viernes con Love of Lesbian, Soledad Vélez recibió a los primeros valientes en el recinto el sábado por la tarde, bajo un sol de justicia. De un extremo al otro, pasamos de su reinvención bailable al indie más clásico de la mano de Nacho Vegas.

El asturiano estuvo acompañado por el Coro Antifascista Al Altu La Lleva para desgranar las canciones de Violética, su último y comprometido disco. En tiempos de censura a grupos que no son afines a la política de los gobernantes de turno, Vegas eligió un repertorio nada blanco y se lo dedicó a las plataformas ciudadanas y los colectivos desfavorecidos.

Lanzó mensajes contra la inacción y los CIES (“hay más Mohamed y más Samba”, “ya no quiero cantar más canciones sobre asesinatos”) e hizo algunas concesiones a sus trabajos anteriores como La plaza de la Soledad, Nuevos planes, idénticas estrategias y La gran broma final.

Mientras que el público de Vegas estaba más cerca de los 40, los veinteañeros entraron corriendo con los primeros acordes del grupo de moda, Carolina Durante, que presentaron sin descanso los temas de su debut. Confirmaron que van cogiendo tablas, como ellos mismos dicen en esa especie de autohomenaje motivador con el que comienzan cada concierto, Las canciones de Juanita: “No sonamos mal, sonamos mejor que ayer”.

Del espacio en barco a Venus

El repertorio espacial de Zahara, con una trabajadísima escenografía y visuales que la están acompañando en toda la gira de presentación de Astronauta, fue el previo perfecto para el plato fuerte de la noche: el viaje al pasado con Nacho Cano.

Los políticos replicantes y el miau miau de Hoy la bestia cena en casa de Zahara dieron paso a un inesperado comienzo con Héroes de la Antártida, que anunciaba lo que todos imaginábamos: que sería un revival de los 80 con algunas de las mejores canciones de Mecano.

Con un volumen que dejó mucho que desear (faltaba potencia) y muchos invitados que dificultaron, en cierta medida, que el concierto cogiera ritmo, Nacho Cano compareció con sus inseparables teclados y sobre un estrado desde donde dominaba todo lo que sucedía sobre el escenario. Las coristas (y coristos) de rojo y bailes sincronizados fueron de lo mejor de la noche aunque, una pena, tampoco pudimos escucharles como nos hubiese gustado.

“Estamos haciendo historia, Sonorama”, se escuchó en varias ocasiones. En realidad, aquello parecía más bien un concierto de una banda tributo a Mecano, con la salvedad de que uno de sus miembros originales (y compositor) estaba sobre el escenario.

Aunque la apoteosis no terminó de suceder, sí que hubo algunos momentos brillantes pero, cómo no, ¡se echó tanto de menos a Ana Torroja! Pocos invitados estuvieron a la altura de sus característos agudos, con honrosas excepciones.

Por ejemplo (y a pesar de que Cano avisó: “está canción solo la hemos ensayado una vez y es muy jodida”), uno de los mejores momentos fue con la cantante de Kuve interpretando ‘Aire’. Tampoco estuvo mal Shuarma en Mujer contra mujer, así como Zahara y Un año más (y eso que se perdió aquello de “Marineros, soldados, solteros, casados…”, no sabemos si a propósito o por despiste).

Entre las voces invitadas vimos también, entre otros, a Mikel Izal (Hoy no me puedo levantar), Javiera Mena (No controles y también el final de Mujer contra mujer), Santi Balmes de Love of Lesbian (La fuerza del destino) o Rulo (Me colé en una fiesta).

Tres sorpresas

Hubo tres sorpresas (¿es este el festival de las sorpresas?): Rafa de La Unión, cantando Sildavia y Lobo hombre en París; el grandísimo Tomatito a la guitarra en la instrumental Por la cara (“la primera vez que la tocamos en directo los dos”, desveló Nacho Cano, que recordó al maestro Camarón) y el divertido dúo formado por Paco Clavel y Rocío de Las Chillers para Maquillaje.

Los fuegos artificiales pusieron el broche final a una experiencia que, aunque disfrutable, no resultó tan festiva como prometía. ¿Se atreverá Nacho Cano a convertir este concierto único e irrepetible en una gira? Si eso sucede, esperamos y deseamos que pueda hacer más ensayos con los artistas invitados.

En cualquier caso, pasado el momento álgido de la noche (que no lo fue tanto), quedaron los DJs de la carpa, el espíritu rockero de Shinova y Rulo y la Contrabanda, el 'show' bailable y siempre entretenido de ver de Fangoria y la gran fiesta final de Crystal Fighters.

Hasta aquí nuestro Sonorama Ribera 2019, aunque aún queden algunos conciertos de domingo para quienes se hayan guardado un poco de energía para cerrar el festival. Falta por confirmar la cifra final de asistentes, que se calculaba en torno a los 100.000, y en unos meses volveremos a abrir las quinielas para adivinar qué sorpresas nos deparará Javier Ajenjo en la XXIII edición de Sonorama Ribera, ya en 2020.

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