NANI F. CORES

  • La Sala Canal de Isabel II de Madrid dedica una exposición a la prolífica trayectoria del autor catalán.
  • Trabajó como reportero para Europa Press, La Actualidad Española y El País Semanal.
  • Fue además autor de numerosas portadas para artistas como Karina, Raphael, Cecilia o Las Grecas. 

Marlene Dietrich a su llegada a Madrid. 1960

"A la fotografía le debo todo, pues de lo contrario no sé qué hubiera sido de mí... La foto es mi vida". Esta cita, que pertenece a Francisco Ontañón (Barcelona, 1930 - Madrid, 2008), ilustra a la perfección el modus operandi de un artesano de la imagen para el que su oficio supuso, al mismo tiempo, un vehículo para la expresión y una manera de reconciliación con su existencia.

"Nuestras vidas fueron difíciles en la posguerra y él las quiso mejorar huyendo de lamentaciones inútiles. Paco sufrió la pérdida de nuestros padres pero no quiso hundirse ni conformarse con la pobreza del momento, tenía que levantarse y luchar a su manera. Y fue a través de la fotografía, que le permitió abrirse a un nuevo mundo dónde pudo expresar su inquietud artística y recuperar su ilusión", reconocía su hermano Josep durante la presentación el pasado viernes de Francisco Ontañón. Oficio y creación, la exposición con la que la Sala Canal de Isabel II de Madrid revisa la extensa y prolífica trayectoria de este fotógrafo que se mantuvo al pie del cañón durante cinco décadas.

Su carrera con la cámara fue extensa - se desarrolló prácticamente desde los años 50 del siglo pasado hasta el cambio de milenio- y muy poliédrica, ya que tuvo la oportunidad de desarrollar numerosos oficios dentro de ella (de ahí el título de la exposición). Quizás su faceta más conocida fue la del fotorreportaje. Precisamente, en 1959 se trasladaba a Madrid recomendado por su amigo y compañero de fatigas Ramón Masats para incorporarse a la agencia Europa Press como reportero. Con él compartió también experiencias en dos de los grupos fotográficos más importantes de ese periodo: Afal y La Palangana. "Nosotros nunca nos consideramos artistas, éramos artesanos y si alguno se consideraba artista peor para él", recuerda Masats en el vídeo expresamente realizado para la muestra en el que colegas y artistas rememoran sus vivencias junto a Ontañón.

Lo mismo opina el comisario de la exposición, Alberto Martín, para quien "esta generación de fotógrafos tiene un concepto de fotografía útil: la fotografía está pensada más para circular que para ser expuesta". Su relación con los medios ilustrados de los años 60 fue fundamental para el despegue de su trabajo. No solo en Europa Press sino también en Ama, una de las revistas femeninas pioneras, y Actualidad Española, donde su trabajo visual fue de la mano del periodístico de otro grande, Jesús Hermida.

Para ellos cubrió desde bodas reales a retratos de grandes personalidades como Kennedy o Marlene Dietrich y todo tipo de reportajes documentales que recogieron el poso de la España del franquismo y el desarrollismo. "Ontañón es una persona con una empatía enorme hacia la realidad social y a partir de ahí que se puede hablar de un realismo y un compromiso complejos porque su mirada es a una España gris pero en su caso, cruda y tierna al mismo tiempo. Reconoce las dificultades pero también desarrolla una ternura hacia las realidades que fotografía. Su mirada puede ser irónica hacia las clases pudientes y muy empática hacia las clases sociales bajas y esto tiene que ver con su condición de hijo de la posguerra", señala el comisario.

Su experiencia en el reportaje desembocaría en su necesidad de dar un paso más hacia el ensayo fotográfico que culminaría en algunos de los fotolibros más importantes del pasado siglo: El libro de la caza menor, junto a Miguel Delibes; Los días iluminados, con Alfonso Grosso sobre la Semana Santa andaluza; o Vivir en Madrid, con Luis Carandell, sobre la vida en la capital en la década de los 70.

Su carrera fue un suma y sigue de experiencias variadas: desarrollaría algunas de las campañas turísticas del Ministerio, se aliaría al mítico Félix Rodríguez de la Fuente para fotografiar la naturaleza más salvaje, colaboraría con el diseñador Daniel Gil en la legendaria colección El libro de bolsillo de Alianza o realizaría el libro oficial de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Y en todos ellos plasmó su particularísimo estilo: "Es un autor muy poco ortodoxo, con unas marcas muy reconocibles: le gustaba el grano, las fotos movidas, oscuras, con luces bajas, con encuadres forzados pero muy significativos. Una mezcla muy equilibrada de exactitud y expresividad", resume Martín, que para dar forma a esta exposición -abierta al público hasta el 3 de noviembre- ha seleccionado 220 imágenes procedentes del archivo personal del autor.

Portadas míticas

Mención aparte, merece su trabajo como 'portadista', que desarrolló entre 1965 y 1975 para discográficas como Hispavox, CBS y RCA. Por delante de su objetivo desfilaron algunos de los artistas más 'top' de aquella época: Karina, Miguel Ríos, Cecilia, Las Grecas, Raphael, Mari Trini... "Fue muy revolucionario porque sacó la fotografía del estudio a la calle, de la pose artificial a la luz natural y a una gestualidad espontánea que permitió que los adolescentes no encontraran un ídolo distante sino casi un modelo de comportamiento cercano". Más de 200 portadas de discos se reúnen en esta sección de la muestra.

Tras casi dos décadas apartado del reporterismo, en 1985 emprendería su última etapa profesional en El País Semanal. Fue autor de algunas de sus mejores portadas y reportajes, y junto a otro periodista de raza, Manuel Vicent, desarrollaría la pionera serie Espectros: "que define nuestros miedos, fantasmas y esperanzas".

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